Juventud Obrera Cristiana - Nº 42. Marzo 2018

Juventud Obrera

Nº 42. Marzo 2018

 La mayoría de las culturas se han basado históricamente en una visión patriarcal que aún sigue vigente. Esta mentalidad ve la realidad de forma dicotómica: varón y mujer, cuerpo y espíritu, hombre y naturaleza. Estas polaridades son definidas por oposición y establecen una jerarquía en términos de superior/inferior. Esta jerarquización, se legitima definiéndola como el orden “natural” del mundo.

Sabemos que el ser mujer no inmuniza contra los valores patriarcales. Por otra parte, “los guardianes del poder patriarcal” saben que una estrategia para mantener el orden actual es hacer partícipes a algunas mujeres de ese poder, para que todo siga igual. Nos encontramos, pues, ante un reto que presenta un entramado complicado y profundo, pero que es urgente abordar.

Es cierto que actualmente la causa feminista ha supuesto la mayor revolución del S. XX, pero para que esta revolución haga efectivo su potencial emancipador es necesario un cambio de paradigma antropológico, ético, cultural, económico, social, político y religioso. Es preciso promover un auténtico cambio en el interior de la persona y lograr que sea una revolución de alcance universal.

En nuestra sociedad, para conseguir la plena emancipación de la mujer hay que ser capaces de desvelar los obstáculos que impiden a las mujeres ejercer la libertad en igualdad de condiciones. Las dominaciones o manipulaciones más sutiles tienen que ver con el mundo afectivo y emocional. Estamos viendo, como entre los más jóvenes, los hombres siguen controlando el amor y el cuidado de las mujeres sin devolver equitativamente aquello que han recibido. Las mujeres, en cambio, hacen a menudo tanto en otras direcciones “por los demás” que descuidan los deberes más esenciales hacia sí mismas.

Por otro lado, estamos viendo como la feminización de la pobreza y la discriminación de género tienen consecuencias nefastas para su salud, su integridad física, el acceso a la educación y la participación social y económica. Por todo ello, si queremos que se produzca un cambio de mentalidad y se establezca un nuevo orden social.

Desde esta realidad que compartimos y sufrimos en nuestras propias carnes y desde el Evangelio que es nuestro referente, pensamos que hablar hoy de justicia y predicar el amor al prójimo en la sociedad, y en la Iglesia, sin hacernos cargo de la feminización de la pobreza y la violencia contra las mujeres; no tomar conciencia del déficit de estima y amor, así como la desvalorización que como colectivo arrastran desde hace siglos, muchas veces legitimado por las tradiciones y la misma religión, es una ceguera intolerable, es un pecado.

Es cierto que, actualmente en la comunidad eclesial está creciendo poco a poco la sensibilidad ante esta realidad. Debemos generar iniciativas que abran cauces que favorezcan la emancipación de las mujeres en el interior de las comunidades cristianas.

Siendo realistas, las mujeres hemos de reconocer que la interiorización del orden patriarcal nos convierte en las peores enemigas de nosotras mismas. Quizás, por ello, “la verdadera revolución es la que todavía ha de producirse en el alma de las mujeres".
Blog de Raquel Lara publicado en la revista Vida Nueva

 

En este número:

    • Ellas son nuestra profecía y nuestra esperanza. Carmen Picó Guzmán (Bióloga, teóloga feminista, profesora e investigadora.
      • Testimonios de: Antonio Guerrero (Acompañante JOC Andalucía). Carmen (militante JOC Madrid). Marian (militante JOC Extremadura), Mª Carmen ( Acompañante JOC de Córdoba).
    • Lo que vivimos el 8 de marzo
    • El Rincón de Rosita
    • Extra! extra!
    • La Juventud habla. María Aparicio Martínez. (Militante y Responsable Federal de la JOC de Castilla y León).  "Soy feminista y soy obrera. Es parte de mi identidad y eso se ve reflejado en todo lo que hago, lo que pienso, y lo que soy"
    • Agenda
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